
Somos gente extraña.
Nos pasamos la vida haciendo cosas que odiamos para ganar dinero para comprarnos cosas que no necesitamos e impresionar a personas que no nos caen bien. Somos los seres más extraños de los habidos y por haber.
Fíjense en ese hombre de ahí enfrente: se urga la nariz porque cree que nadie le mira mientras lee un periódico deportivo. Aquellas chicas de la mesa 16 (no leo muy bien de lejos) hablan a gritos sobre las asignaturas que han suspendido el semestre pasado. Aquella chica llora e intenta disimularlo tapándose los ojos con el dorso de su mano y la ayuda de una servilleta poco absorbente. El chico que está sentado en su misma mesa está incomodándose y mueve a velocidad de vértigo la pierna. Yo puedo vérsela desde mi posición. Ella, sin embargo, no. Salgo a la calle. Todo el mundo tiene prisa y negocios que cerrar. Todo el mundo compra idioteces y mira cincuenta y dos veces su reloj de mano. Se les escapa el tren y también el tiempo y la vida. Y nadie tiene tiempo para sí mismo.
‘Nacimos en esto, entre hospitales tan caros que es más barato morirse. Entre abogados que te cobran tanto, que es más barato declararse culpable. En un país donde las cárceles están llenas y los manicomios cerrados. En un lugar donde las masas elevan a los ineptos a la categoría de héroes’ (‘Nosotros, los dinosaurios’ de CHARLES BUKOWSKI).
Le damos importancia a la vida material, a lo que no sirve para nada, cuando en realidad las cosas sólo importan cuando viven el presente. Cuando pasan, carecen de ella. Pues nada es realmente tan importante.





